miércoles, 26 de octubre de 2011

NUEVA VIDA (3) Cuba

Después de lo vivido en Rio estaba ansiosa por irme a Cuba. Me sentía llena de energía y con ganas de conocer nuevos sitios y más gente.

No lo voy a negar.... Un poco cohibida sí estaba. Todavía era extraño el hacer nuevos amigos o conocidos. Pero era un reto y ahora me ponía cada día uno e intentaba cumplirlo. Pasara lo que pasara.

Me despedí de mis nuevos amigos brasileños. La verdad es que aquellos tres chicos resultaron ser unas bellísimas personas y durante la semana que estuve sola en Rio. Siempre estuvieron conmigo y nunca me pidieron nada, aunque yo les invitaba, muy a menudo, a comer. Así que no podía irme sin decirles adiós. Quedé con ellos en la entrada del hotel, la mañana de mi marcha. Me llevé una gran sorpresa al ver que me habían traído un regalo.


El día que me llevaron a la favela, conocí a un chico muy simpático, que pintaba en la calle cuadros para los turistas. Me estuvo explicando qué podía hacer esos días y cuáles eran los lugares con las mejores fiestas.

Este chico me había hecho un cuadro en el que los chicos y yo estamos apoyados en un muro y detrás nuestro se encuentra la favela.
La lámina era preciosa, con unos colores vivos y unas formas únicas. Nunca había visto nada parecido. Me emocioné muchísimo.

Después me llevaron al aeropuerto. Yo iba con Adan en su moto, mientras que Héctor y Tárcio iban con mi maleta en la otra. Me despedí de todos aquellos lugares maravillosos y los invité a comer por todo lo alto. Era lo mínimo después de lo que ellos habían hecho por mi. Enseñarme el Rio auténtico. Visto desde los ojos de una persona de la tierra. Algo incomparable.

Me despedí de ellos en la terminal y cogí el avión a la Habana.
Llegué a la Habana a media tarde. Me instalé en un hotel precioso. Las chicas tenían razón. Pero encontré la habitación un poco clautrofóbica....¡No tenía ventanas! Lo mejor del sitio es que me encontraba en el corazón de la Habana vieja, cerca de todo.

Me di una vuelta por el hotel. La gente era muy amable y muy atenta. Estaban pendientes de todo.
El hotel tenía un patio interior, donde estaban las puertas de las habitaciones. Estaba llena de plantas y parecía que estuviese en un pequeño bosque.

Salí a dar una vuelta. Estaba ansiosa por conocer la Habana.

Fui a una tiendecita a comprar un mapa de la zona y allí el tendero, muy amable, me dijo dónde podía cenar. Fui a un sitio llamado la Bodeguita y allí me sirvieron un mojito, mientras esperaba la cena. Me acuerdo del primer trago. ¡Era horrible!, pero al tercero todo se había pasado y mi paladar estaba anestesiado. Así que me bebí unos cuantos.

Sé que con la enfermedad no tendría que beber.... Pero solo me quedan dos telediarios. ¿Qué quereis?

Me lo pasé estupendamente. La gente bailaba salsa. Sus cuerpos se contoneaban al ritmo de una música que se te metía en el cuerpo. Cuando me quise dar cuenta estaba en medio de la pista, con un mulato guapísimo que tenía un culo muy, muy, muy duro. Parezco una degenerada hablando de culos, pero la verdad es que nunca había tocado uno así, bueno, ni tampoco había tocado una tableta de chocolate.

Esa noche bebí hasta que no poder más. Después de aquella fiesta prometí no beber más mojitos. Te nublan el sentido.

Te lo nublan tanto que al día siguiente me desperté en casa de aquel chico mulato. Sí, lo hice con él. No me acuerdo de todo. Solo de que cuando estaba bailando con él me entró un calentón en el cuerpo.... No podía ser menos, mi cuerpo restregándose con el suyo.... Nos besamos, nos tocamos y él me dijo algo de su casa. Le dije sí y terminé aquí. Entre sus sábanas.

Siempre que pienso en él y esa noche me ruborizo. Hasta que me acuerdo que aquella noche me robaron todo el dinero que llevaba y que al día siguiente tenía una resaca que no podía con mi alma.

Cuando llegué al hotel estaba más serena y empecé a recordar cosas de la noche. Me entró pánico al pensar en el robo. Pensé en el pasaporte, pero estaba intacto en mi bolso.
Sólo podía pensar en el cuando, el por qué. La mente se nubló y empecé a pensar en negativo. No tenía qué haber ido, no tenía que haber salido sola, .... Me empezaron a temblar las piernas. No quería volver a salir del hotel sola. Pero la habitación no me acababa de gustar, para estar encerrada todo el día. Eso de no tener ventanas me angustiaba.

Al día siguiente mi suerte cambió. Fui a la recepción del hotel para que me explicaran donde ir. Justamente el hotel hacía una excursión con los huéspedes por la Habana vieja, cada tarde. Me apunté sin pensarlo.
A la tarde salimos del hotel 15 personas. Una familia mejicana de cinco personas. Dos parejas de amigos de Portugal, cinco chicos italianos y yo. El lugar es totalmente turístico y comercial, pero tenía algo especial que no había visto en otro sitio. Había unas paraditas en la calle y paré para mirarme alguna cosa de bisutería. Parecía que el destino quería que volviese a ver al mulatito del día anterior. Allí estaba, vendiendo bisutería echa por él. Pendientes, collares, pulseras, ... No me acordaba de su nombre, pero él del mio sí. Me armé de valor y se lo pregunté. Silvio.

Me regaló una preciosa pulsera con los colores cubanos. No pude resistirme y lo invité a cenar. Me despedí del grupo y me fui con Silvio a un sitio llamado Café Habana, donde tocaban música en vivo. Tomamos unos cóckteles. Pero no sé ni sus nombres. Estuvimos hablando durante un rato. Le hablé de mi casa y lo muermo que era en mi vida. Él no me creía. Me reí al explicarle mis vivencias en Rio y lo que me divertí en los carnavales. Después estuvimos bailando.

El chico era muy sensual y bailaba con una naturalidad que nunca había visto antes en un hombre. Después me llevó al hotel, pero no sin antes ofrecerse a enseñarme la Habana. Por supuesto acepté.

Los dias siguientes me los pasé con él. Un día fuimos a la playa de Santa María. Una playa preciosa de arena blanca y un mar azul. Estaba muy llena, pero no me importó.

Unos días más tarde, después de conocer la Habana, a sus habitantes, historias de vendedores ambulantes o artistas callejeros, a cual más pintoresco y divertido, después de visitar la iglesia de Paula, el parque histórico militar, la fortaleza,... En general todo, Silvio me dijo que no podía marcharme sin hacer, con él, buceo por Varadero, como todos los turistas. Me hizo gracia y acepté.
Recogí las cosas del hotel, pagué la cuenta y me fui con Silvio a Varadero. Allí no me hospedaría en un hotel, si no en casa de un amigo suyo que, casualmente, tiene un pequeño negocio de buceo para turistas. Cuando llegamos estaba nerviosa. Nunca había hecho deporte, solo en el colegio y la verdad es que el agua me daba respeto. Pero ese era un nuevo reto que se había presentado y tenía que aprovecharlo.

La casita donde estábamos era muy humilde. Tanto que dormíamos en el suelo. Pero no me importaba. Con Silvio estaba tan bien que me daba igual dónde dormir o qué hacer. Se encontraba a las afueras, en un sitio de chabolas. La playa estaba repleta de macrocomplejos turíticos. Yo pensé que yo sí era una verdadera turista por que estaba con los nativos, comiendo su comida, bailando su música y conociendo sus costumbres.

Al día siguiente teníamos que salir a hacer nuestro pequeño viaje en la lancha con una pequeña clase de buceo. Pero no me pude levantar de la cama. No dormí en toda la noche, me dolían los huesos horrores, no me podía mover y sentía que las manos se me atrofiaban. Silvio no sabía qué hacer. Le dije que se marchara con su amigo. Yo intentaría pasar esto sola. Pero él no quiso dejarme. Me dio algo caliente y me intenté dormir. Pero era inútil, por que cuando intentaba moverme mi cuerpo no respondía.
Silvio me preguntó qué me pasaba y se lo conté todo. Me estaba muriendo y él no podía hacer nada. Después de aquel día él me trató diferente, con más delicadeza.

A media tarde me quedé dormida y no desperté hasta el día siguiente. Los medicamentos y los consomés calientes me habían ayudado. Antes de salir a la playa Silvio quiso saber si podía hacer buceo. Decidimos que era mejor hacer snorkel por el arrecife.

Me lo pasé como una niña pequeña con zapatos nuevos. Pero que bonito era todo aquello. Mientras nadaba y veía los corales tuve una gran paz interior. No oía nada, mas que mis pensamientos, mis recuerdos por ese maravilloso viaje.

Pasamos un par de días explorando sitios increíbles con una flora y una fauna únicas. Pero como he dicho, desgraciadamente, Silvio ya no fue el mismo conmigo. Me trataba bien, pero ya no tenía la misma intensidad.

Una tarde después de volver de nuestra pequeña aventura submarina, me preparé para ir a una fiesta en la playa. El amigo de Silvio nos iba a llevar. Pero Silvio me decía que no quería que fuese, que mi cuerpo había hecho mucho esfuerzo y no podía forzar la máquina. Yo quería salir y nada me lo impediría. Esa noche me despedí de él para siempre. No quería nadie que me controlara, quería vivir la vida, pensando en el presente y no en el mañana

Fui a la fiesta de la playa y conocí a unas parejas que venían de España. Estuve toda la noche hablando de lo maravillosa que era la isla de Cuba y como Varadero parecía un paraíso. Les dije donde podían hacer deportes acuáticos y les recomendé el amigo de Silvio. Les dije que dieran mi nombre y les trataría genial.

Después de la fiesta, cuando estaba amaneciendo busqué la manera de ir al aeropuerto. Mi estancia en Cuba, después de esas semanas había llegado a su fin. No sabía dónde ir. Lo dejé en manos del destino.

Cuando llegué al aeropuerto eran casi las 11 de la mañana. Me fui al mostrador y le pedí que me miraran un vuelo a un sitio lejano. La chica me iba diciendo destinos: Paris, Londres, Rusia, Ciudad del Cabo, .... Al final me dijo Delhi y se me encendió algo. ¡INDIA! ¡Claro!, tengo que ver ese precioso país antes de volver.

Próximo destino Índia

1 comentario:

  1. prima eres una pasada que manos y que forma mas chula de escribir

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